martes, 21 de febrero de 2012

El cuento

Los días habían sido lluviosos y no había podido salir mucho de su departamento, aunque realmente no tenía muchas ganas de hacerlo. Se levanto del sillón para servirse su tercera taza de café, al regresar a la sala la lluvia se colaba por la ventana abierta, se acerco para cerrarla pero el vaho que salió de sus labios entreabiertos hizo que cambiara de opinión. Sumida en sus pensamientos miraba a las personas en la calle huyendo de la lluvia y al bajar la vista miro a una pareja besándose sin importarles la lluvia o el viento, separándose sonrientes y volviendo a la misma actividad.
¿Dónde estará Dante? Era una pregunta que se hacía a menudo, lo había besado bajo la lluvia, visitado su departamento, dormido a su lado y lo había dejado al día siguiente aunque lo más correcto sería decir que la habían abandonado al día siguiente, al despertar simplemente no estaba ahí, tan solo una copia de la Divina Comedia.
Su celular vibró desde la mesa de centro y se quedo brillando un tiempo, se alejo lentamente de la ventana y lo tomó bruscamente volcando el cenicero que había llenado esa mañana, era un mensaje de su hermana diciéndole que la visitaría esa tarde, su relación no era tan buena como lo había sido pero siempre era bueno verla. Su olor intenso a perfume y su plática sin sentido de los hombres de su vida la distraerían un poco. No había podido dejar de pensar en la noche que había conocido a Dante, se le antojaba lejana y más bien como un sueño pero tan solo habían pasado tres días, esa sensación de vacío que le había dejado le hacía sentir una herida vieja y no un romance casual. Tomo un cigarro de la cajetilla sintiéndose estúpida por su confusión y lo encendió distraída, debía tomar un baño antes de que llegara Sara, arreglarse un poco para evitar preguntas incomodas o comentarios con dobles intenciones.
El agua tibia en su cuerpo evitaba que pensara, esos pensamientos confusos y dolorosos, le daba una visión simplista de su propia existencia, tan solo un ser bajo el agua sin preocupaciones, sin hermanas, sin Dantes; pero al regresar a su habitación como un recordatorio burlón de que él no era un sueño el libro estaba sobre su cama con sus pastas gastadas y su olor a viejo, ¿Por qué no había salido del departamento dejando ese libro? Demasiadas preguntas y muy pocos recuerdos, estaba siendo irracional enamorándose de un acostón.
Regresó a la sala un poco más tranquila y ordenó un poco, encendió otro cigarro y se dedicó a espera a Sara quien llegó tres cigarros después con la misma cara de fastidio y el mismo olor penetrante de su perfume.
-Odio la lluvia, el trafico esta imposible- Sara lanzó su bolsa al sillón- tarde más de dos horas en llegar hasta aquí.
-Sería más rápido si acostumbraras dormir en tu casa y no en hoteles de paso.
-Quizá tengas razón, pero no soy una criatura de costumbres-Sara le guiño el ojo- además ¿por qué estas tan malhumorada Helena? Eso pasa cuando acostumbras dormir en casa y sola.
Helena la miro divertida, todo en la vida de Sara se basaba en hombres, en general hombres de una sola noche pero había algunos a los que les permitía quedarse por más tiempo, con tan buenos resultados que su colección de bolsas Chanel resultaba impresionante.
-Necesitas salir, conocer camas nuevas- Sara tomo el último cigarro- Pero bueno, ese no es tu estilo, prefieres esperar en la torre.
-Sabes que yo no tengo tu encanto- un sarcasmo sutil casi como para endulzar el oído ajeno y que por supuesto Sara no captaría.
-No puedo negarlo, pero esta noche no dormirás en el claustro, de eso me encargo yo
-¿Vamos a ir a uno de esos bares que sueles frecuentar? ¿Me presentaras a alguno de tus amigos habituales?
Sara lanzó una risa suave y  la miró tristemente, como si fuese a llorar y nunca parar. Helena se arrepintió y se levanto para abrazarla pero Sara solo la tomo de la mano.
-Vamos a arreglarnos para salir, te tengo una sorpresa
Después de dos horas Helena considero prudente alejarse de esa extraña que la miraba desde el espejo en la habitación de su hermana. Sara le cambio los zapatos, le sonrió coquetamente y salieron.  
La fiesta era a unas cuantas cuadras del departamento de Helena, estaba segura de que su hermana era amante del anfitrión y tenía el cinismo de ir aun cuando la esposa estaría ahí, una buena ocasión para analizar detalladamente esas relaciones extrañas que mantienen las personas tan solo para no sentir la soledad.
Claro que era una sorpresa, Helena jamás pensó que Sara se pudiera relacionar con gente así, bastante sobria, tranquila, poco escandalosa, podría decirse que eran el polo opuesto de su hermana y sin embargo ella se veía a gusto entre ellos, era una faceta que Helena no reconocía en ella. Si tan solo ambas fueran menos orgullosas su relación se basaría menos en los sarcasmos, pero era demasiado pedir.
Helena tomo una copa de vino y salió al balcón a fumar, ese vicio la iba a matar, lo sabia pero no le importaba, nunca había tomado a la muerte demasiado en serio, las cicatrices aun se distinguían en sus brazos, demasiado cobarde para hacerlo directamente.
Buscó a Sara con la mirada y la encontró coqueteando con un hombre entrado en años, anillo en su correspondiente dedo y seguramente un traje de una marca lo suficientemente importante para que Sara se acercara, un aval excelente para esa mujer, ahora extraña, a la que Helena miraba con curiosidad. Otro hombre se acerco a Sara por la espalda, la tomo por la cintura y le dijo algo al oído, el semblante de Sara cambió de inmediato, una mirada distinta, una sonrisa menos falsa, una actitud que Helena no conocía en ella y que reconoció como síntoma inevitable de que su hermana estaba enamorada, algo que nunca pensó posible.
Sara tomó inmediatamente la mano del extraño y lo llevó lejos de la multitud, se conocían por la manera en que Sara le sonreía y para desgracia de Helena ella también lo conocía, era inevitable no reconocer ese tatuaje en su cuello y que continuaba por su espalda, esa espalda que ella recorrió incansablemente por una noche, esas manos que la habían enamorado con tan solo rozar su rostro, ese mismo cuerpo que su hermana miraba con deseo y que ella había deseado con ansias por tres días.
Se acerco lentamente, los miró con curiosidad, no solo Sara estaba enamorada, eran ambos pero ninguno iba a ceder una pizca de su libertad para estar el uno con el otro, tan solo les bastaba con encuentros casuales, intensos nada demasiado largo que acabara con esa chispa que los unía, mientras los demás, el anfitrión, Helena y el hombre entrado en años eran solo encuentros que mantenían ese deseo vivo entre los dos.
¿Y qué podría hacer ella? Sentía desesperanza, había creído que quizá el tan solo se había acobardado pero que en cualquier momento tomaría la nota de su espejo y la llamaría, le diría que no la había podido olvidar que la necesitaba tanto como ella a él.
Un escalofrío recorría la espalda de Helena, Dante la miraba intensamente mientras una sonrisa cruzaba su rostro, una sonrisa que recordaba pero que no ambicionaba nada de aquellos recuerdos. Tenía que alejarse de esa mirada, se acerco al balcón y saco otro cigarro. Un “Buenas noches” la distrajo de sus pensamientos peligrosos, era el hombre entrado en años, quien le ofreció fuego y se coloco a su lado hablando de cualquier cosa. ¿Y por qué no? Ella también necesitaba bolsas Chanel. 

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